15-M ,DE LA INDIGNACIÓN A LA ACCIÓN

LA plaza del Castillo de la vieja Iruña late en estos días con un ritmo fresco y singular. Vibra con el latir al unísono de cientos de corazones que aspiran a una sociedad un poco más justa; con las palabras, que el viento no lleva, que exigen un mundo más equitativo, más humano, más sincero, un mundo que abrace a todas las personas que lo habitan. El día a día se vive con ilusión, con compromiso, con alegría, dialogando y debatiendo sobre temas que ciertamente nos afectan, con grupos de trabajo que tratan aspectos como la vivienda, la economía, el empleo, el medio ambiente o la educación, entre otros. Se escuchan propuestas que nuestras y nuestros representantes políticos, a día de hoy, ven a años luz de su ideario, sumidos en las sombras de su gran caverna. Porque el objetivo de los jóvenes de 20, 40 ó 70 años que estamos aportando nuestro granito de arena a este movimiento no es otro que las personas y la naturaleza de la que somos parte inalienable, y los beneficiarios de lo que salga de este 15M no puede ser sino ellas, mientras que el objetivo de la banca de los inversores y de sus marionetas, a las que llaman políticos, no es otro que la acumulación de capital en cada vez menos manos, la privatización del beneficio y la socialización de las perdidas.

En estos días, en un ejercicio de auténtica democracia, estamos escuchado en la calle propuestas de diversa índole: se habla de un decrecimiento tranquilo, pues estamos consumiendo y contaminando mucho más de lo que el planeta puede soportar y es inverosímil el desarrollo de todos los países a este mismo ritmo; se escuchan voces que hablan de alternativas, de banca ética, de consumo responsable, de trueque y bancos de tiempo, de redistribución e impuestos a las rentas más altas y a las grandes empresas, de la dación en pago de la vivienda, de la Tasa Tobin, de democratizar la ONU, el FMI, el BM y la OMC, de abolir los paraísos fiscales y la deuda externa, de modificar la ley electoral, de soberanía alimentaria, de igualdad de derechos para los migrantes, de no rescatar bancos con dinero público, de acabar con las nucleares y con el gasto militar, con los privilegios de la monarquía, de la Iglesia y de la clase política, de la modificación y mejora de la Constitución, del derecho a la vivienda y a una salud y educación pública de calidad, de una democracia participativa inundada de referéndum, y de muchos otros temas que conforman un ideario lleno de sentido y argumentos.

Algunas de las personas que asisten, que nos miran en la distancia, no dejan de ver en esto una utopía inalcanzable, un sueño de castillos en el aire, de dibujos en la arena que las olas llevarán. Acaso también muchos lo pensaron cuando Gandhi se sentó pacíficamente para expulsar a un imperio de su país o, sin remontarnos tanto en el tiempo, cuando en Islandia, en una muestra de revolución pacífica, la ciudadanía se echó a la calle y derrocó al Gobierno, nacionalizó la banca y se negó a pagar la deuda, o cuando en Egipto el pueblo derrocó a Mubarak, o en Túnez a Ben Ali.

El pueblo ha dicho basta, y aunque el camino sea largo y tortuoso, los primeros pasos ya están dados. Tratarán de eludir nuestras reformas, de calumniar y desprestigiar cuantas reivindicaciones planteemos, pero jamás lograrán quitarnos las razones, la ilusión y la insistencia por esta utopía posible.

Álvaro Cía, Felip Araque y Kitxu Sánchez

Asociación Sumaconcausa

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~ por kitxu en 15 junio, 2011.

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